La identificación de restos de Silvia del Valle Taborda en el predio de La Perla volvió a abrir una historia marcada por el dolor, el silencio y la búsqueda familiar que atravesó décadas. Su sobrina Andrea contó cómo fue el proceso que permitió reconstruir la historia de la militante desaparecida durante la última dictadura cívico-militar y aseguró que el hallazgo representa “un alivio” para toda la familia.
Silvia Taborda nació en Monte del Rosario y fue secuestrada el 11 de diciembre de 1975 en la ciudad de Córdoba. Tenía 23 años y permaneció cautiva en el centro clandestino Campo de La Ribera. Sus restos fueron identificados recientemente por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), en el marco de la causa que investiga enterramientos clandestinos en La Perla.
Andrea recordó que durante muchos años el tema permaneció envuelto en silencios y temores.
“Creo que la mayoría vivimos ese silencio. No se hablaba en las escuelas ni en la calle”, expresó.
Contó que fue recién en el año 2000, tras leer el libro Nunca Más, cuando comenzó a comprender lo que había sucedido con su tía y decidió acercarse a organismos de Derechos Humanos.
“Ahí me doy cuenta de que todas esas cosas que se decían por lo bajo tenían que ver con lo que había pasado”, señaló.
A partir de entonces comenzaron las búsquedas, las reconstrucciones familiares y los aportes de ADN que finalmente permitieron identificar parte de los restos óseos hallados en La Perla.
“Hace dos semanas nos notificaron que uno de los restos era de ella”, relató.
Una historia atravesada por el miedo
Andrea también habló del impacto que dejó el terrorismo de Estado en la familia. Recordó que sus abuelos y tíos fueron amenazados cuando intentaban buscar a Silvia y que el miedo terminó condicionando durante años la posibilidad de hablar públicamente.
“La dictadura quiso imponer miedo y funcionó”, afirmó.
Además, contó que en 2008 lograron reencontrarse con la hija de Silvia, quien había sido dada en adopción antes del secuestro.
“Fue volver a cambiar su historia. Ella también hizo los ADN para ayudar en la identificación”, explicó.
Sobre el momento en que la familia recibió la confirmación oficial, Andrea relató que participaron de una audiencia junto a equipos de psicólogos, antropólogos y organismos de Derechos Humanos.
“Fue mucho llanto, pero también un alivio. Uno deja de esperar noticias y empieza a sentir que realmente puede descansar en paz”, sostuvo.
Defensa de la memoria y la democracia
Durante la entrevista, Andrea reflexionó sobre el contexto actual y defendió la importancia de mantener viva la memoria histórica.
“No nos sirve negar que hubo horror desde el Estado. No queremos que vuelvan a destruir generaciones”, expresó.
También cuestionó las miradas que buscan justificar el terrorismo de Estado bajo la idea de “algo habrán hecho”.
“Se terminaba culpando a las personas por pensar distinto, por organizarse o defender derechos”, manifestó.
Finalmente, consideró que la identificación de víctimas desaparecidas no solo ayuda a cerrar duelos familiares, sino también a fortalecer la democracia.
“Queremos una democracia sostenida en la verdad y en el derecho a la vida, a opinar y a organizarse libremente”, concluyó.