La radio argentina cumple 100 años de magia

►Por Jorge Parodi. ►La radio y su magia cumplen 100 años: “La radio no solo se escucha, La radio se siente”. ►Un 27 de agosto de 1920, “Los Locos de la azotea” realizaron la primera emisión, desde la terraza del teatro Coliseo de Buenos Aires.

La radio y su magia cumplen 100 años: “La radio no solo se escucha, La radio se siente”

La radio es magia pura, la radio es pura pasión.

Un 27 de agosto de 1920, “Los Locos de la azotea” realizaron la primera emisión, desde la terraza del teatro Coliseo de Buenos Aires.

Desde el primer día la radio es servicio, es compañía, es información, es emoción, es música, es la vida misma que se escucha, pero fundamentalmente que se siente.

Afirmo sin dudar que la radio es un sentimiento.

Cuando uno elige una radio, ese medio deja de escucharse para comenzar a sentirse.

Uno no solo escucha radio, uno SIENTE LA RADIO.

Cuando atornillas el dial en una emisora que te da todo, ese radio pasa a ser TU radio.

Te haces hincha, es como la camiseta de tu club y adoptas a sus jugadores (los que hacen esa radio) como propios.

Esas voces pasar a ser tus amigos invisibles, a los que queres, a los que alentas, a los que extrañas, con los que te reís, con los que debatis y a veces hasta retas cuando corresponde.

Casi sin darte cuenta, los muy caraduras se meten en tu casa sin invitación y pasan a ser parte de tu vida.

Cuando digo que la radio es magia pura, me refiero a un tipo de magia simple, intangible e inexplicable.

La varita del mago es la imaginación del oyente.

La radio es la magia de una canción que te transporta a una persona y o un tiempo, que seguramente fue hermoso, como dice la canción de Sui Generis.

La magia de sentirte acompañado, aun estando sólo.

La magia de pintarte cada día el paisaje del que formas parte.

La magia de sentirte integrado a una comunidad a partir del conocimiento de la realidad del lugar donde vivís.

La magia de viajar por el mundo sin salir de tu casa.

La magia de estar en un festival, en un recital que la radio te lleva a tu hogar, como si fuera un delibery, con tal autenticidad que hasta impregna tu ropa con el olor del humo del choripán

La magia de gritar un gol sin verlo o de lamentar otro errado por milímetros, o de reclamar un supuesto fuera de juego del que estás seguro, porque el relator te lo contó.

La magia de enviar o recibir el saludito de la persona que más queres o de la que más extrañas.

La magia de volver a escuchar la canción con la que te enamoraste, junto a tu pareja o soñando que ella o él también siente lo mismo en el lugar donde se encuentre, mientras la escucha.

La magia de informar con la verdad a tus amigos en el café con la evidencia de que “lo dijo la radio”

La magia de mirarte al espejo y darte cuenta que estás hablando sólo y bailando con tu sombra o con tu escoba.

La magia de encontrar la ayuda y la solidaridad a la vuelta de un mensaje.

La radio es un espectáculo de todo el día y de todos los días.

No te cobra entrada, ni se suspende por mal tiempo.

Y como el sol, aunque no la veamos la radio siempre está.

Uno puede escucharla al aire libre o bajo techo, sólo o acompañando.

Suele ser una grata compañía o una mala costumbre, según como se lo mire, o se la escuche.

La radio es el copiloto de los camioneros y de los tacheros, el despertador de los serenos y trabajadores de la seguridad.

La radio es la banda de sonido de las amas de casa, el socio del mate, para mantenernos lúcidos en las noches de estudio para preparar una materia para la Facu.

La radio en los hospitales se siente más profunda y nos conecta con el mundo, nos acorta las horas interminables de internación y hasta nos hace sonreir pese a  la enfermedad.

La radio es tan democrática que uno se la pasa votando con sólo apretar un botón (hoy digital), en un plebiscito permanente donde uno puede ir eligiendo a cada instante por una u otra.

La radio es como un perro fiel, que te sigue por donde vayas, en tu casa, en el auto, en tu compu, en el teléfono, en el walkman, o en donde las nuevas tecnologías te lo propongan.

Hay radios que entretienen, radios que informan, tanto como radios que no hacen ninguna de las dos cosas.

Hay radios que respetan al micrófono y a los oyentes tanto como radios que no respetan ni a su madre.

Hay Radios musicales, radios desafinadas, radios informativas, radios especulativas, radios de servicio y radios que se sirven.

La esencia será la siempre misma, palabras bien o mal utilizadas, silencios, música y la presuntuoso ilusión de comunicarnos.

Hoy, la radio, más que ningún otro medio tradicional permite interactuar, hace que el oyente deje de ser un sujeto pasivo para convertirse en emisor de sus propias opiniones.

Aunque no lo creas, la radio TE ESCUCHA.

En confianza, no les recomiendo que entren al edificio de una radio. En un estudio ustedes verán micrófonos, una consola, gente muy loca hablándole frenéticamente a un fierrito, y no mucho más.

Pero no se confunda, la radio no es eso. La radio se hace con eso.

Hoy las transformaciones son enormes, las posibilidades inagotables.

La magia de la radio tiene un capítulo especial dedicado al deporte en general y al fútbol en particular.

Por varias décadas el fútbol vivió y vibró dentro de una radio de válvula o a transistores.

Las voces de la radio, le dan vida al fútbol.

Invitan a la imaginación. Los cuernitos a la Spika cuando avanzan los otros o ese gol que gritaste abrazado a tu viejo.

A la radio como a La Cigarra “tantas veces la mataron” y  hoy está más viva que nunca.

Los locos de la Azotea, aquellos que hace 100 años tuvieron el atrevimiento y la locura de la primera vez, deben estar festejando en alguna terraza del cielo, preparando alguna gran transmisión.

Es que la radio sigue siendo pura magia, aunque cambien las formas.

Es que la radio, no va a morir jamás,

Simplemente porque la radio no solamente se escucha, la radio se siente.

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