La clasificación de Argentina a una nueva final del Mundial dejó innumerables historias de hinchas que hicieron grandes esfuerzos para acompañar al seleccionado. Una de ellas es la de Fernando Gavilán, oriundo de Villa del Totoral, quien desde hace casi cinco años vive en México junto a su familia. Casado con una caroyense, el vecino de la región decidió emprender un viaje relámpago hasta Estados Unidos para presenciar la semifinal frente a Inglaterra en Atlanta.
En diálogo con Radio Jesús María, contó que todo comenzó con un llamado inesperado.
«Un amigo me llamó el martes a la una de la tarde y me dijo que tenía la posibilidad de conseguir entradas. Le dije que sí y esa misma noche, a las siete, ya estábamos tomando un vuelo rumbo a Miami», recordó.
Una vez en Estados Unidos, alquilaron un automóvil y recorrieron cerca de 1.000 kilómetros hasta Atlanta para llegar a tiempo al encuentro, una alternativa que resultó más conveniente que viajar en avión por cuestiones de costos y disponibilidad.
Una travesía que valió la pena
Gavilán relató que la intensidad de lo vivido hizo que casi no pudiera recordar el desarrollo del partido.
«Creo que ustedes se acuerdan más del partido que yo. Solamente me acuerdo cuando la pelota entró en la red. Después vimos los resúmenes para revivir lo que había pasado», comentó entre risas.
Tras el triunfo argentino, él y sus amigos permanecieron varias horas dentro del estadio festejando junto a otros simpatizantes.
«Nos quedamos hasta que la policía nos pidió que saliéramos. Después seguimos celebrando en el Fan Fest y recién cuando bajó un poco la adrenalina nos fuimos a comer», contó.
Un estadio con hinchas de todo el mundo
Según explicó, aunque había una importante presencia albiceleste, gran parte de quienes alentaban a la Selección eran extranjeros.
«Había muchos estadounidenses, chinos e hindúes. Creo que argentinos argentinos éramos menos de los que parecía», señaló.
Durante el encuentro estuvieron ubicados rodeados de simpatizantes ingleses y de otras nacionalidades que apoyaban al conjunto europeo.
«Por suerte me perdí el himno porque estaba haciendo una fila para comprar algo. Estábamos rodeados de ingleses y quizás se podía haber generado algún cruce, pero después del partido no pasó de algunas cargadas», relató.
Además, contó que el ambiente dentro del estadio fue de mucha emoción y que el festejo continuó durante varias horas en los pasillos y luego en el Fan Fest instalado junto al Mercedes-Benz Stadium.
La final, un sueño difícil
Después de vivir semejante experiencia, la posibilidad de asistir a la final apareció rápidamente. Sin embargo, explicó que el costo de las entradas y los compromisos familiares hacen prácticamente imposible repetir el viaje.
«Tengo vacaciones programadas con mi familia y además las entradas arrancan alrededor de los 8.000 dólares. Entre los vuelos y todo lo demás es muchísimo dinero», comentó.
Durante su estadía también pudo conocer algunos de los precios que debieron afrontar los hinchas. Según relató, una cerveza dentro del estadio costaba alrededor de 14 dólares, mientras que un fernet en las inmediaciones rondaba los 10 dólares. En cuanto a la comida, señaló que un choripán podía costar entre 14 y 20 dólares, dependiendo del puesto de venta.
«Me sentí un privilegiado»
Aunque hoy reside en México, Gavilán mantiene un fuerte vínculo con la región. Contó que vivió en Villa del Totoral hasta los 31 años y luego se radicó en la zona de Puesto Viejo, en Colonia Caroya, tras casarse con una caroyense.
«Soy un poco de todos lados», bromeó durante la entrevista, antes de enviar un saludo a sus amigos de Totoral, a quienes aseguró extrañar después de varios años sin verlos.
Antes de despedirse, resumió lo que significó haber sido uno de los miles de argentinos presentes en una jornada histórica.
«Con todos los argentinos que somos, haber sido uno de ese puñadito que estuvo en la cancha fue un privilegio enorme. Lo disfruté al máximo y es una experiencia que voy a recordar toda la vida.»