La madrugada del 26 de abril de 1976 quedó grabada para siempre en la memoria de Leni Migotti. En una Córdoba atravesada por el miedo y el silencio, un grupo armado irrumpió en su vivienda del barrio San Vicente.
“Entraron seis o siete personas, rompieron la puerta y nos encandilaron con un reflector muy fuerte. Yo no podía verles la cara, solo las siluetas”, recordó. Mientras ambos estaban en la cama, los obligaron a tirarse boca abajo. “A partir de ahí no vi más nada, solo escuchaba”.
En medio del operativo, Rodolfo García intentó defenderse. “Decía que no tenía nada que ver”, contó. En ese momento, una voz preguntó si ella también estaba involucrada. “Alguien dijo que no, y eso me salvó”, relató. A su esposo lo encapucharon y se lo llevaron. A ella le ordenaron no salir de la casa.
Sin embargo, desoyó la advertencia y acudió a los vecinos. “Ellos habían visto todo, pero no intervenían por miedo”, explicó. Poco después realizó la denuncia en una comisaría de la zona, aún sin dimensionar la magnitud de lo que ocurría. “Fue la inocencia”, resumió.
A partir de entonces comenzó una búsqueda desesperada. Con apenas 23 años, recorrió dependencias oficiales, presentó hábeas corpus y viajó incluso a Buenos Aires para intentar obtener respuestas. “Nos decían que no sabían nada”, recordó.
En ese proceso, una noticia inesperada marcaría su vida: estaba embarazada, aunque aún no lo sabía. Su hija Macarena nacería meses después, en diciembre de ese mismo año, sin haber conocido a su padre. “Era un embarazo incipiente. Ni él ni yo sabíamos”, contó.
Durante años sostuvo la esperanza de que Rodolfo estuviera con vida. “Hasta que asumió Raúl Alfonsín, yo tenía esperanzas. Pensaba que podía estar detenido en algún lugar”, dijo. Pero con el regreso de la democracia y el avance en el conocimiento de los crímenes de la dictadura, esa ilusión comenzó a desvanecerse.
“En ese momento no sabíamos nada. Nos mentían mucho. Había una construcción de la realidad que ocultaba lo que realmente estaba pasando”, afirmó, en referencia al rol de los medios y la desinformación de la época.
La desaparición dejó su vida en suspenso. “Es lo peor que puede pasar. Porque si alguien muere, sabés que murió. Pero esto te deja en un paréntesis permanente”, reflexionó.
Ese estado también atravesó su maternidad. “No pude disfrutar el embarazo. Estaba rodeada de tristeza y angustia”, confesó. Con el tiempo, encontró una forma de sanar en su familia. “Creo que ese embarazo lo terminé disfrutando con mis nietas”, dijo, emocionada.
Hoy, su hija Macarena ocupa un lugar central en su vida. “Es muy fuerte, muy madura. Muchas veces es ella la que me enseña a vivir”, expresó.
El dolor también atraviesa a la familia de Rodolfo. Su madre, de 99 años, sigue esperando. “Cuando hablamos de la aparición de restos en La Perla, ella dijo: ‘Yo no quiero huesos de mi hijo, lo quiero con vida’”, relató Migotti.
Para Leni, esa frase sintetiza el drama de miles de familias argentinas: la incertidumbre perpetua, el duelo inconcluso y una ausencia que no encuentra cierre.