Lo que comenzó hace años como un proyecto juvenil de humor ácido y creatividad en Jesús María, hoy tiene a uno de sus protagonistas recorriendo el mundo y liderando procesos de innovación tecnológica en Buenos Aires. Se trata de Javier Badía, integrante de la recordada “Radio Veneno”, quien compartió en Radio Jesús María su experiencia de vida y los aprendizajes que le dejó Japón, un país que lo impactó profundamente.
Badía recordó con nostalgia aquella etapa de “Radio Veneno”, el programa que realizaba junto a David Benedettini, Marcelo Aparicio, Juan José Castillo y Julio Enríquez. “Fue uno de los momentos más lindos de mi vida”, aseguró durante la entrevista, incluso confesando que todavía conserva grabaciones de aquellos programas y los escucha de vez en cuando.
Hoy, instalado en Olivos, trabaja desde hace 17 años en una empresa vinculada al rubro farmacéutico, donde actualmente se desempeña como jefe del área de transformación digital. Ingeniero en informática, explicó que su tarea está ligada a la innovación y a la aplicación de inteligencia artificial en distintos procesos empresariales.
Sin embargo, la excusa de la charla fue otra: sus viajes a Japón.
Un viaje que le cambió la cabeza
Javier contó que visitó Japón por primera vez en diciembre de 2024 junto a un grupo de amigos. La experiencia fue tan impactante que decidió volver este año, permaneciendo durante un mes en distintas ciudades como Tokio, Osaka, Kioto, Fukuoka y Odawara.
“Pensé que me iba a sorprender la tecnología, pero lo que realmente me impactó fue la sociedad”, relató.
El jesusmariense destacó aspectos vinculados al respeto colectivo, el orden y la convivencia social. Habló del silencio absoluto en el transporte público, la puntualidad extrema de los trenes y la limpieza impecable de los espacios públicos.
“Todo está pensado para no molestar al otro”, resumió.
Esa fascinación lo llevó incluso a estudiar japonés durante más de un año para poder interactuar mejor con los habitantes locales. “Fue dificilísimo, pero quería entender más profundamente cómo piensan”, explicó.
Entre la admiración y las contradicciones
Aunque reconoció muchas virtudes de la cultura japonesa, también señaló aspectos que le generaron cuestionamientos.
Contó que existe una fuerte presión social relacionada con el éxito, el trabajo y la vida familiar. “Hay personas que sienten que fracasaron en la vida a los 19 años por no entrar a una universidad prestigiosa”, ejemplificó.
También mencionó fenómenos llamativos como el alquiler de amigos o familiares para eventos sociales, una práctica que —según explicó— surge de las enormes exigencias culturales y laborales que dificultan construir vínculos personales genuinos.
“La sociedad funciona perfecto, pero eso también tiene un costo”, reflexionó.
Silencio, cerezos y trenes bala
Entre las experiencias más memorables, Badía recordó su paso por un “onsen”, las tradicionales aguas termales japonesas, donde debió aprender una serie de rituales y normas de comportamiento para poder ingresar.
También destacó haber viajado durante la época de floración de los cerezos, uno de los momentos más emblemáticos del país.
“Ver los sakura iluminados alrededor de los castillos fue algo hermosísimo”, expresó.
Otro de los aspectos que lo sorprendió fue el sistema ferroviario. “El promedio anual de demora de los trenes se mide en segundos”, comentó, tras haber viajado en el famoso Shinkansen, el tren bala japonés.
“No es mejor ni peor, es distinto”
Lejos de idealizar Japón, Javier insistió en que su experiencia no apunta a comparar sociedades de manera simplista.
“No digo que sean mejores o peores. Lo que me fascinó fue descubrir una forma completamente distinta de vivir”, señaló.
Y dejó una reflexión final para quienes sueñan con viajar algún día al otro lado del mundo:
“Japón parece inaccesible, pero si uno organiza el viaje con tiempo, no es mucho más caro que otros destinos. Vale la pena vivir ese contraste cultural”.