La Escuela ProA de Colonia Caroya atraviesa un proceso de reorganización tras la modificación en los criterios de acceso al programa PAICOR, que dejará de cubrir a la totalidad del alumnado y se limitará únicamente a quienes cumplan con los requisitos socioeconómicos establecidos por el sistema.
El director de la institución, el arquitecto Gustavo Frizza, explicó que la particularidad de las escuelas ProA radica en su modalidad de jornada completa, con estudiantes que permanecen ocho horas diarias. Por este motivo, desde su creación se garantizaba desayuno, almuerzo y merienda para todos los alumnos, independientemente de su situación económica.
Sin embargo, con los cambios recientes, el beneficio se reducirá a unos 97 estudiantes, cerca del 40% de la matrícula total, lo que implica un fuerte impacto en la dinámica escolar. “Esto nos obliga a una reestructuración completa, porque contamos con una infraestructura preparada para cocinar para entre 200 y 300 estudiantes”, señaló.
Ante este escenario, las autoridades de la escuela impulsan una alternativa: permitir que los alumnos que no califican para el beneficio puedan acceder al servicio mediante el pago de una cuota mensual. La propuesta será analizada en una reunión clave con autoridades provinciales de PAICOR y la intendente de Colonia Caroya.
Frizza remarcó que el comedor escolar cumple un rol que va más allá de lo alimentario. “Es un espacio de convivencia, de igualdad y de encuentro entre distintas realidades. Tiene un valor tan importante como otros aspectos formativos dentro de la escuela”, afirmó.
Además, el director advirtió que la reducción del servicio también abre interrogantes sobre la continuidad del personal de cocina, actualmente conformado por cinco trabajadoras, cuya tarea se vería afectada ante la disminución de la demanda.
Desde la institución consideran que la propuesta de un sistema mixto —con aportes del Estado para beneficiarios y contribución de las familias para el resto— ya ha dado resultados positivos en otras localidades, como Sinsacate, y podría ser una solución viable para sostener el funcionamiento integral del comedor.
Mientras avanzan las gestiones, el objetivo es garantizar que todos los estudiantes puedan seguir accediendo a un servicio clave dentro de la jornada extendida, evitando así un impacto negativo en la vida escolar y en la organización familiar.
En cuanto a los costos estimados, desde la escuela indicaron que el valor podría rondar los 2.500 pesos por día por alumno, aunque aclararon que se trata de un cálculo preliminar sujeto a revisión.