El Festival Nacional de Folklore cerró su 66ª edición con una jornada que rompió todos los moldes. Desde la consagración definitiva de los nuevos valores hasta el histórico encuentro entre el trap de Milo J y la maestría de Soledad, la Plaza Próspero Molina fue testigo de un cierre que unió el pasado, el presente y el futuro de nuestra música.
La última luna no fue solo un cierre de grilla; fue la demostración de que el folklore es un organismo vivo que sabe dialogar con los nuevos tiempos sin perder su esencia. Con una plaza colmada de jóvenes y familias, Cosquín 2026 bajó el telón dejando una huella de integración generacional sin precedentes.
El huracán Milo J y el respeto a la raíz
La gran expectativa de la noche estaba puesta en Milo J. El artista de Morón, que ya había sido visto disfrutando del festival en noches previas, subió al Atahualpa Yupanqui para demostrar que su conexión con la música popular es genuina.
Con una puesta en escena de primer nivel, Milo recorrió sus éxitos pero también se animó a interpretar versiones que calaron hondo en el público tradicional. «Estar acá es un honor que no me cabe en el pecho», confesó el joven artista, quien fue ovacionado por una plaza que reconoció su talento y su respeto por el escenario más importante de América.
Consagración y despedida
Antes del cierre estelar, la novena luna también celebró a los nuevos talentos. Se entregaron los premios a la Revelación y Consagración de Cosquín 2026, reconociendo el esfuerzo de quienes mantienen encendida la llama del folklore en cada rincón del país.
Con el tradicional «Aquí Cosquín» retumbando por última vez en este verano y los fuegos artificiales iluminando el cielo de Punilla, el festival se despidió hasta el próximo año, dejando la vara muy alta en cuanto a convocatoria y apertura cultural.