El «Dueño de la Bailanta» tuvo su paso consagratorio por la cuarta luna del Festival Nacional de Folklore. Entre anécdotas de su humilde pasado y un fuerte mensaje contra la grieta en la música, el artista cordobés sacudió la Plaza Próspero Molina.
Paquito Ocaño no fue a Cosquín solo a hacer bailar; fue a abrir su corazón. En una actuación cargada de sensibilidad, el cantante se emocionó profundamente al dedicarle el show a su familia, que lo observaba con orgullo desde la terraza de la plaza.
Un pasado de esfuerzo y orgullo familiar
Durante su presentación, Ocaño recordó conmovido los años de sacrificio en su pueblo natal. Relató que vivían en la periferia y que debía cruzar un estrecho camino entre camiones de cosecha para llegar a su casa, una situación que en aquel entonces le generaba vergüenza. «Hoy mi familia está orgullosa», afirmó el artista, aunque confesó que atraviesan un momento difícil debido a la salud de una tía joven.
«No quiero que los cantantes dividamos nuestro país»
Fiel a su estilo sencillo, Paquito no esquivó el debate sobre la política en los escenarios, marcando una postura clara a favor de la unión. Se mostró entristecido por los artistas que utilizan el escenario para fijar posturas ideológicas determinantes.
«No quiero que los cantantes dividamos nuestro país. Me entristece porque pierde la cultura, los festivales y la gente. Yo quiero que a mi país le vaya bien», expresó contundente, haciendo un llamado a poner fin a la grieta a través de la música.