En el cierre de la Tercera Luna, el artista más convocante del país volvió a demostrar por qué es el dueño absoluto de la mística coscoína. Ante una plaza colmada, Abel Pintos selló una noche inolvidable con un show que recorrió toda su historia.
La expectativa por la llegada de Abel Pintos se sintió desde temprano en las calles de la ciudad. Tras una jornada cargada de grandes artistas, el escenario Atahualpa Yupanqui recibió al bahiense pasadas las dos de la mañana, desatando la ovación de miles de fanáticos que aguardaron pacientemente su salida.
Un repertorio para el recuerdo
Con la solvencia que lo caracteriza, Abel desplegó un concierto equilibrado entre sus clásicos inoxidables y sus lanzamientos más recientes. El público acompañó cada estrofa, transformando la Plaza en un coro gigante que desafió el fresco de la madrugada cordobesa.

El show no solo fue un despliegue de talento vocal, sino también una demostración de la conexión emocional única que el cantante mantiene con el festival nacional más importante de nuestro país. «Cosquín tiene una energía que no se encuentra en ningún otro lugar», expresó el artista durante uno de los pasajes más sentidos de su presentación.
El broche de oro
La actuación de Abel Pintos fue el cierre perfecto para una luna que tuvo de todo: desde la poesía de Antonio Preciado hasta la fuerza del malambo de Nicolás Robles. Sin embargo, el magnetismo de Abel fue, sin dudas, el punto más alto de una edición 66 que sigue marcando récords de emoción.
