» Enojarme con un árbol me parecía bastante tonto»

Camila Díaz Vegas, tiene 20 años y un 21 de septiembre del 2017, sufrió un accidente al festejar el día del estudiante. Hoy, es un ejemplo de fortaleza que sigue en pie ante las adversidades, alimentando sus sueños con humor y mucho amor. Sus próximos objetivos además de recibirse y trabajar de lo que le gusta, es promover temáticas de inclusión y discapacidad.

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AUDIO | Camila Vega

Esta es la historia de Camila, el accidente de aquel 21 de septiembre del 2017 le afectó su movilidad y algunas zonas del cuerpo como columna, cabeza, piernas, clavícula. 

Actualmente Cami sigue con rehabilitaciones y logró tener movimientos en las piernas hasta las rodillas. Hoy, es un ejemplo de fortaleza que sigue en pie ante las adversidades, alimentando sus sueños con humor y amor.  Estudia Recursos Humanos y vive el día a día. Sus próximos objetivos además de recibirse y trabajar de lo que le gusta, es promover temáticas de  inclusión y discapacidad. 

“Estaba enojada y no sabia con que, estaba nublada y luego empecé a ver las cosas de diferentes maneras. Decidí adaptarme de nuevo a lo que venía, mi vida cambió un cien por ciento”, explicó. 

No conocía  lo que era la discapacidad y su actitud de reírse con humor de mí misma y de las cosas que no podía hacer, fue lo que le permitió seguir adelante. Además del apoyo incondicional de familiares y amigos. 

Comentó que conoció a Ariel Atamañuk y le dejó muchas enseñanzas: «Me enseñó un montón de cosas Ariel, tenía su vida planeada, yo soy joven y no tenía tantos planes que perder, me transmitió las ganas de seguir», recordó.

Camila sigue manteniendo vínculo con la mayoría de sus compañeros. Al hablar sobre ellos dejó claro que siempre la acompañaron y todos fueron increíbles en cada momento. Tras importantes hechos en su vida, la joven siguió adelante con una actitud positiva, «reírme de mí misma, de las cosas que no podía hacer».

El papel de su familia fue elemental, comentó que desde el primer momento la acompañaron y jamás la dejaron sola. Cada rehabilitación duraba ocho horas y a pesar del tiempo y la distancia la compañía fue lo principal.

“Tengo muchos sueños, pero intento vivir el día a día”. Sus próximos objetivos son recibirse, trabajar de lo que le gusta y promover la inclusión y discapacidad.