La pérdida de un hijo fue lo que impulsó a Roxana Toranzo a crear un hogar de contención para chicos desde hace ya 23 años. El pequeño Matias murió ahogado a los tres años en una acequia. «Fue terrible llegar, saber que estaba todo el barrio La Costanera buscándolo. Yo estaba dando clases. Quise donar los órganos pero no pude así que decidí abrir mi corazón» cuenta.
Roxana dice que ese amor por ayudar a los niños se lo transmitió su papá, «todos los días llevaba alguien a comer a casa», dice. La Casa de Matías inició con cuatro niños que estaban buscando leña. Luego, de una mañana para otra tenía más de treinta chicos almorzando. La mayoría no iba al colegio, no habían terminado ni el nivel primario por eso decidió hacer apoyo escolar.
«Perder un hijo es durísimo. El padre Julio me ayudó mucho, me llevó un año a trabajar a la Parroquia» confiesa.
El estudio y la formación de los chicos son los fundamentos que tiene este lugar. «Yo no quería darles un plato de comida y que vuelvan a la calle (…) Hubo dos adolescentes que se desviaron en el camino pero que pagaron por lo que hicieron mal» manifestó.
Roxana se considera una mujer luchadora, madre, abuela y esposa. «Yo siempre hablo con mi hijo, le diría que su partida no fue en vano que sirvió para salvar a estos 600 chicos», cerró emocionada.