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Mara, ejemplo de mujer trans: «A las chicas que están en la calle: está corriendo peligro su vida»

Mara nació como Omar, pero jamás se sintió "él". Hoy, con sus 55 años, se enorgullece de trabajar hace treinta años en cosmetología, e insiste: se puede ser mujer trans sin correr el riesgo de estar en la calle, exponiendo sus cuerpos y sus vidas. Hoy hablamos de Mara y su ejemplo de vida.

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Mara nació un 25 de Julio de 1962, bajo el nombre de Omar Luis Pérez, en la ciudad de Jesús María, hija de Rosario y Nicomere, trabajadores rurales: él hachador y ella panadera.

Es la quinta de diez hermanos, y asegura que el barrio Sarmiento fue su primer lugar, su primer recuerdo en esta ciudad, barrio en el que también recuerda haber hecho la escuela primaria, en el centro educativo Primer teniente Morandini.

A los 14 años empezó a trabajar para ayudar a su familia, baldeando veredas de casas de familia. Con el tiempo hizo de todo para salir adelante y esquivarle a la noche, a la calle, a la necesidad y a la marginación, tras haberse descubierto mujer trans.

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«Nunca fui Omar, nunca me sentí Omar»

«Con el tiempo me empecé a transformar: quería tener una nombre de mujer, Mara. Siempre de chica quise ser mujer y creo que nací para ser mujer. Como la sociedad: ven que las cosas son así, ven que soy una señora. Cuando voy a un negocio me dicen ‘Sra. qué busca?’ Mucho respeto, que en los tiempos míos no pasaba», cuenta Mara

Hoy, a sus 55 años, Mara se denomina una luchadora, una trabajadora: «depilo, maquillo, corto el pelo, me gusta dejar a la mujer divina porque la mujer es la primera emprendedora que hay (…) – la mujer es – bella, hermosa, de ahí nació la trans: de una `parte de mujer'», reflexiona, embelesada en esa imagen idílica de mujer.

Mara hizo su primer corte de pelo hace más de treinta años atrás, en Barrio Güemes de la ciudad de Jesús María y aún lo recuerda con ternura, sin negar que en la vida le tocó tomar varios rumbos, pero siempre pensando en salir adelante.

«Queremos andar de día y bien respetadas en la calle»

Mara vive sola pero es sólo una cuestión simbólica: mil ojos la saludan a su paso, todos saben quién es, dónde vive, qué hace, de su militancia política, de su compromiso con el barrio, de su imparable desenfado por la igualdad de género – la cual profesa con su vida -, de su constante reproche a quienes no cumplen con sus promesas.

«A las chicas que están en la calle: está corriendo peligro su vida, peligrando ‘tomar’ una enfermedad, y sentirte mañana golpeada por esa enfermedad (…) hoy hay mucha violencia en la calle: muchos chicos van a golpearlas y ratearlas», cuenta, en un pedido para que otras mujeres trans hagan un esfuerzo e inicien su propio camino laboral sin tanta exposición física y mental, al tener que optar por la prostitución.

«Creo que la sociedad tiene que mirar un poco más allá … el político. Tienen que salir una noche, porque también le corresponde al político», dice Mara, quien agrega que necesitan más seguridad: «nosotras no somos protegidas. Yo no soy protegida. A mí me robaron en mi casa, cosas que me gané con mi espalda ¿Adónde tenemos que ir para que alguien nos escuche?», reclama.

«Todo en la vida se puede», asegura Mara, al tiempo que recalca: «queremos andar de día y bien respetadas en la calle».

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El reclamo del pueblo

Mara es muy conocida en Barrio Sierras y Parque por su militancia política, por ser «acarreadora» de gente durante determinadas campañas políticas, aunque el fruto de ese esfuerzo, asegura no estar viéndolo.

«A muchísimos políticos ayudé, acompañé (…) todos los políticos que entraron a mi casa, todos ganaron. (…) y hoy por hoy la autoridad no me respeta. El político tiene que estar para ayudarme», sentencia, sin pelos en la lengua, pidiendo por los vecinos de su barrio, quienes, asegura, necesitan ayuda urgente: «hablo y hablo y hablo y se hacen los sordos», concluye.

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