Doña «Coca», la madraza del colegio Sarmiento

Ella nació un 12 de Marzo de 1953. Tiene 63 años. Es oriunda de Jesús María y comenzó a trabajar a sus 8 años de vida. Hace treinta que trabaja en su segundo hogar: el colegio Domingo Faustino Sarmiento. Ferviente protectora y cómplice de sus "chicos", aguarda nostálgica el momento de su jubilación.

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Madre, abuela, divorciada, trabajadora de toda la vida. Alicia Díaz, más conocida como la «Coca», la dueña de las llaves del Colegio Domingo Faustino Sarmiento, de Jesús María, se va despidiendo, despacito, paulatinamente, de su segundo hogar.

«Yo a los chicos los quiero. Pero por ahí tienen que parar ¿Vio? Porque tienen que venir como corresponde y a veces no vienen como corresponde. Conmigo se portan bien, me respetan muy mucho a mi. Mi historia: trabajo, toda la vida he trabajado pero ahora no puedo hacerlo, por la columna», resumen parte de su experiencia en el colegio.

Nació un 12 de Marzo de 1953, pisciana, con sus 63 años se considera una mujer trabajadora, orgullosa de que «sus chicos», y sus padres, quienes también transitaron por «el Sarmiento» y fueron de «esos traviesos» que hoy lleban a sus hijos y, en algunos casos, a sus nietos a la misma escuela que los vio estudiar.

Hace unos 28 años empezó a trabajar en portería y maestranza del ahora IPEM 272 de la ciudad de Jesús María, tras haber hecho camino en la municipalidad de Jesús María, luego de años, casi infinitos, de trabajo desde sus jóvenes ocho años de vida.

«A los ocho años empecé a trabajar. Trabajé para ayudar a mis padres. Barriendo casas, veredas, todo eso empecé a hacer y luego vine, me anoté en la municipalidad y acá. De la escuela me iba a la municipalidad», relata la Coca.

La mujer que hace tres décadas limpia, acomoda, reniega, ríe con las picardías de los «chicos del Sarmiento», los reta, los protege y hasta aconseja a los papás: «Yo les digo: ‘vengasé papá, con las chicas como corresponde -arregladitas-. Si les dan una notitia, tienen que venir. Yo les decía cómo se tenían que portar. Me hacen caso, son buenísimos», exclamó Alicia.

La coca, al ser consultada sobre las «macanitas» de los chicos, dispara un rápido: «ahhh, no se, eso no se», en claro gesto de protección de «sus chicos»: «los chicos dicen que no me vaya, pero ya cumplí mi función, mi etapa. Ya está», dice Coca, con los ojos llenos de nostalgia, a la espera del recuerdo y del descanso, tras tantos años de trabajo y el corazón lleno de mimos.